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El apuñalamiento de London Bridge: ¿un cambio táctico?

Actualizado: ene 30


Co-Autores:

Beatriz Gutiérrez, Phd/APP

David Crevillén, CEO

Year 5 - Week 2

ISSN 2603 - 9931


Viernes 29 de noviembre, Londres. Los vídeos publicados en prensa muestran a un individuo, armado con un cuchillo, derribado por varios transeúntes en la turística zona del Puente de Londres, para momentos más tarde ser disparado por la policía londinense. Aunque en inicialmente se mantuvieron abiertas varias hipótesis, finalmente la línea del ataque terrorista se vio corroborada.


Los hechos.

El incidente se inició en Fishmonger’s Hall, un Edificio adyacente al Puente de Londres, donde se estaba celebrando un curso o taller acerca de programas para la rehabilitación de convictos y estrategias de prevención de la reincidencia. La mayoría de los asistentes eran personas que había sido condenadas e incluso había estado en prisión, muchos de ellos inscritos en el curso por sus propios agentes de libertad condicional o asesores. Uno de los asistentes, un joven en libertad condicional, Usman Khan, fue al Servicio durante un descanso, se ató un cuchillo en cada mano y se adosó un cinturón explosivo, y regresó al hall donde tenía lugar el curso, donde comenzó a apuñalar a los asistentes que encontró a su paso. Su primera víctima fue Jack Merritt, uno de los organizadores del curso, que trató de detenerlo.

Perseguido por asistentes al curso y algunos trabajadores del Fishmonger0s Hall, Khan huyó hacia el Puente de Londres, donde logró atacar a varias víctimas más a su paso, hasta que fue derribado por varios de sus perseguidores, que venían tras él desde el propio curso, armados con extintores y otras armas de fortuna.

Se llamó a la policía a las 13:58, desplegándose un dispositivo de emergencia que incluía a la Policía Metropolitana, Policía Local, y ambulancias, y contaba con el apoyo de la Policía de Transporte Británica para cerrar la estación de metro de London Bridge, así como el tráfico del metro hasta que la zona fue declarada segura. Una vez en la zona del incidente, mientras el mencionado grupo de perseguidores retenía al agresor, un miembro de la policía de transportes logró desarmarle y fue finalmente abatido por la Policía Local. Mientras era registrado, se comprobó que el chaleco explosivo era falso. Aparte de Jack Merritt, otra persona más falleció y se confirmaron tres heridos.


El atacante.

El perfil del atacante es también un elemento interesante. Usman Khan había salido de prisión apenas hace un año, acusado de participar en el planeamiento de un ataque terrorista para volar con explosivos la London Stock Exchange, junto con otros ocho miembros de una célula dispuestos a llevar a cabo un ataque según los criterios de al-Qaida. Dicho ataque fue frustrado por las fuerzas del orden británico en 2010, y sus perpetradores enviados a prisión en 2012. Khan estaba en libertad vigilada, y contaba con una serie de restricciones de movimiento que hasta el pasado viernes parecía cumplir escrupulosamente.

El atacante, de 28 años, era ciudadano británico, segunda generación de familia inmigrante paquistaní. No queda clara cuál fue la pauta de radicalización que siguió, pero para la edad de 19 años, cuando comenzaron sus contactos con la célula, acordaron establecer un campamento de entrenamiento terrorista en las propiedades que la familia Khan poseía en Cachemira, en Pakistán -nunca se llegó siquiera a iniciar el proyecto-. De esta trayectoria, sin embargo, se infiere que el proceso de radicalización tuvo lugar al menos durante su adolescencia o edad adulta temprana.

En cualquier caso, la idea del campo de entrenamiento trataba de actuar en un doble sentidos. Por una parte como lugar de entrenamiento, y por otros como mecanismos de atracción de nuevos reclutas. El principal motivo de la célula era, no obstante, ganar conocimiento táctico y adquirir capacidades operativas como para mandar cartas y paquetes bomba a instituciones británicas, llevar a cabo ataques en entidades británicas frecuentadas por grupos de extrema derecha, o atacar objetivos de perfil alto con explosivos, en un ataque similar al de Bombay (2008)[1], como el London Stock Exchange.

Una de las principales influencias en el proceso de radicalización de Usman Khan fue Ayman al-Awlaki, cuyos sermones y prédicas, en su mayoría en inglés, han ayudado, incluso tras su muerte en un bombardeo estadounidense en 2011, a radicalizar y reclutar a multitud de jóvenes en los últimos tres lustros. Dichos sermones, distribuidos a través de internet, se han distribuido de forma masiva y altamente accessible, con mensajes poderosos a la vez que atractivos y comprensibles para el público occidental y anglófono. El segundo catalizador fue la relación personal de Khan con Ajnem Choudary, líder de la organización islamista británica al-Muhajirun, proscrita después de que el propio Choudary declarase su apoyo al Estado Islámico y de que inspirase los atentados de London Bridge de 2017. Aunque en este año se han encontrado armas de distinto calibre en posesión de miembros de la organización, ésta está teniendo grandes dificultades en pasar del mero activismo a las acciones armadas.

Tras su liberación de prisión, Khan hubo de readaptarse a los cambios en el escenario del jihadismo internacional. Como ya se ha mencionado, Choudary había mostrado simpatía y apoyo por el Estado Islámico, de modo que Khan probablemente también había adoptado esta nueva lealtad desde prisión. Bajo este prisma del cambio de lealtades, Podemos analizar cómo Khan se movió del planeamiento de un ataque con bomba a un objetivo de perfil alto a un ataque de baja sofisticación como es un apuñalamiento.

El cambio táctico: objetivo y armas de elección.

EL ataque siguió una pauta de infiltración. El atacante estaba físicamente hablando, dentro del objetivo donde pretendía llevar a cabo el ataque, durante el curso taller. El sistema es muy similar al empleado en los ataques suicidas, sentarse en lugares como cafeterías o espacios públicos, y esperar al momento más propicio para llevar a cabo el ataque, maximizando el número de víctimas.

Sin embargo, es sencillo detectar el cambio del modelo de ataque pensado en 2010 al realizado efectivamente en 2019. La revisión doctrinal acerca de selección de objetivos es una de las principales características del cisma entre el Estado Islámico y al.Qaida. Aunque es completamente cierto que fue al-Qaida, a través de autores como Abu Musab al-Sury, quien desarrolló la doctrina de los jihadistas individuales, el movimiento utilizó este recurso como última opción cuando no era posible atacar en condiciones de efectividad a un objetivo de perfil alto. Sin embargo, la revisión de la doctrina táctica llevada a cabo por el Estado Islámico, tiende a reforzar el aspecto de la maximización del número de víctimas mediante la comisión continuada de ataques en objetivos occidentales: esto significa que el Estado Islámico promueve el ataque en sí como vehículo para producir víctimas, más que el propio perfil del objetivo. Debido a esta lógica de priorizar el número de víctimas sobre la efectividad de las operaciones, se justifica la preferencia por las operaciones de escasa sofisticación, que garantizan primero la existencia de víctimas, y segundo el impacto mediático y psicológico derivado de la recurrencia de los ataques, por encima de ataques de alta complejidad donde se corra el riesgo de ser detectado por las agencias de seguridad antes de llevar a cabo la acción.

De este modo, Podemos explicar la transición de planear un ataque de alta complejidad como el ataque a la London Stock exchange, a un simple apuñalamiento con dos víctimas mortals escasas, así como otros ataques de baja complejidad y sofisticación como los ocurridos en los últimos cuatro años no solo a nivel internacional, sino en la propia Londres: recordemos que en 2017 un SUV se lanzó contra Westminster tras atropellar a varios viandantes, y que pocos meses después se produjo un segundo ataque en el mismo Puente de Londres y Borough Market, combinando apuñalamientos y atropello.


La respuesta: el papel de los intervinientes inmediatos.

Sería interesante analizar cómo la población británica ha evolucionado en términos de conciencia situacional acerca del terrorismo en los últimos dos años, tras el cambio cualitativo que supuso el paso del modelo del IRA, al que la población ya estaba acostumbrada, al modelo jihadista donde cada ciudadano se convierte en una víctima potencial.

Durante el ataque de Khan, el primero que trató de neutralizar la amenaza fue Jack Merritt, uno de los organizadores del evento y una de las dos víctimas mortales. Una vez que Merritt cayó herido, otros asistentes al curso y trabajadores en el Edificio acudieron a enfrentarse al ataque. Un trabajador en las cocinas, de origen polaco, se enfrentó a Khan con una barra, proporcionando a los asistentes tiempo suficiente como para evacuar o confinarse en salas adyacentes; resultó herido de cinco puñaladas, pero probablemente ganó unos segundos que resultaron vitales para salvar la vida de buen número de asistentes. El atacante entonces trató de huir a la calle, amenazando a cuantos encontraba a su paso y perseguido por dos asistentes más, uno armado con un extintor y el otro con un colmillo de narval, que finalmente le dieron alcance ya en el Puente de Londres. En esos instantes, tanto la policía metropolitana como la policía local llegan al lugar de los hechos, disparando y abatiendo a Khan. En cualquier caso, fueron estos tres ciudadanos quienes, con armas de fortuna, jugaron un papel clave como intervinientes inmediatos a la hora de contener la amenaza. Por añadidura, su actuación permitió la aplicación de los principios de Run (evacuar) y Hide (confinar). Podemos afirmar, por tanto, que el entrenamiento y la concienciación son altamente valiosas en este tipo de situaciones.

Finalmente, podríamos elaborar una conclusion mucho más científica acerca del impacto de las campañas públicas de concienciación en materia de seguridad ciudadana, sobre los fallos de los sistemas legales a la hora de prevenir y gestionar la radicalización, o sobre la necesidad de mayores medidas de seguridad en objetivos blandos. Pero lo cierto es que el elemento más importante en cualquier atentado terrorista son las víctimas. Por ello, queremos honrarlas tanto a ellas como a esos Valientes ciudadanos que le han dado sentido a esta secuencia que en los últimos años se ha convertido casi más en mantra que en modelo de respuesta: Run-Hide-Fight. Y dándole sentido, salvaron vidas.


[1] The Guardian (2019), “Usman Khan Profile: terrorist who wanted to bomb London Stock Exchange”, November 30, 2019. https://www.theguardian.com/uk-news/2019/nov/30/usman-khan-profile-terrorist-who-wanted-to-bomb-london-stock-exchange

Artículo publicado en la revista Tactical Online en su número de diciembre de 2019

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