La transformación de la Seguridad Industrial

Semana 41

ISSN 2603 - 9931

 

Hace quince años que entré a formar parte de este apasionante mundo de la Seguridad Privada, y recuerdo cómo ha evolucionado todo este sector. 

 

Al principio todo era muy distinto, las personas que desarrollábamos esta actividad teníamos muchos conocimientos y poca tecnología.

No se disponía, por ejemplo, de tornos para control de accesos, y las cámaras, las pocas que disponíamos, no eran digitales y tenían una efectividad bastante limitada.

En los Centros de Control había televisores de 14 pulgadas en blanco y negro de baja resolución, y también raro era disponer de pantallas planas en color, con toda la efectividad y resolución que hoy es habitual.

 

La Seguridad se basaba en el factor humano, en la prevención y la consiguiente investigación. Era necesaria una red humana que nos hiciese llegar la información de posibles robos y otros incidentes, para después poder hacer nuestras investigaciones y llegar a desarticular los entramados que pudieran actuar dentro de nuestra industria.

 

La formación del personal era bastante escasa, con unos cursos de cientos de horas se podía obtener el título de Director de Seguridad y después llegar a obtener sin más, el título de Jefe de Seguridad. Este aspecto, no obstante, continúa siendo una asignatura pendiente en el sector: la formación es una base fundamental para el desarrollo de nuestra labor, a pesar de que sigue sin tener actualmente una definición muy clara.

 

En los tiempos actuales y con la situación que se ha generado dentro del sector industrial con de la Seguridad industrial (industria 4.0), basada en el cambio tecnológico y la interconectividad que proporcionan plataformas digitales y el uso extensivo de internet y las nuevas telecomunicaciones, el futuro nos depara un cambio radical con muchos temas que nos son asignados a los Directores de Seguridad, y que ya hemos empezado a trabajar en las últimas dos décadas.

 

De este modo, la cuestión se ha agravado con estas nuevas tecnologías que debemos asumir totalmente como nuestras en la seguridad tecnológica o Ciberseguridad. Nos debemos apoyar en nuestras Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, tanto a nivel nacional como autonómico: Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil, Mossos d’Esquadra, Ertzaintza, etcétera, los cuales están dotados de medios y personal altamente cualificado para resolver cualquier denuncia sobre estas cuestiones que les planteemos.

Relacionado con lo anterior, también hay que tener clara la nueva Ley de Protección de Datos Personales, modificada por la entrada en vigor en 2018 del Reglamento General de Protección de Datos, y que tantos cambios de cara a una mayor seguridad de la información implica, con la subsiguiente necesidad de adaptación para tener nuestros equipos actualizados y organizados para responder a todos estos retos que nos trae la actualidad.

 

Otra asignatura pendiente radica en la prevención. Debemos estar preparados con planes de autoprotección actualizados que contemplen a su vez la celebración periódica de simulacros que prueben las capacidades de respuesta ante distintos riesgos que la institución enfrenta, valorándolos posteriormente e integrando las lecciones aprendidas para la mejora de todos los planes. Todo ello contribuye no solo a mostrar que estamos preparados para que nuestra empresa, a pesar de la ocurrencia de cualquier siniestro o contratiempo, pueda seguir con su negocio lo antes posible, en un proceso efectivo de recuperación ya contemplado en el plan de Seguridad y Autoprotección. Todo esto nos tiene que ayudar a estar al día de los nuevos retos, amenazas, riesgos y tipos de delincuencia que están surgiendo y particularmente los de nuestro sector industrial.

 

Finalmente, el sector vive una problemática de indefinición derivada de la existencia de la nueva ley de Seguridad Privada, aprobada en 2014 y que se pretendía como un marco integrador y sistemático para el sector, que se une a la dilatación en el tiempo tanto de la tramitación como de la aprobación del nuevo reglamento, mientras el vigente, de 1992, es a todas luces obsoleto en relación con la realidad del sector. Ello, obviamente, no ayuda a que éste tenga bien definido su funcionamiento.

 

 

La primera conclusión a la que llegamos es que actualmente un director de seguridad no solo articula un equipo de seguridad, sino que debe ser un buen organizador y gestor, planificando y dirigiendo a su equipo, rodeándose de expertos sobre cualquier asunto de los que hemos mencionado y los resultados llegarán solos y de forma eficiente y realista.

 

La responsabilidad que asumen los CEOs de las Compañías se tiene que saber transformar en una oportunidad para poder conseguir más medios, nuevas tecnologías y optimización del factor humano, sin que el departamento de seguridad se vea como un apéndice externo a la propia organización, sino como un componente integrado en la misma.

 

El reto que nos queda al sector seguridad en su conjunto, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, Directores y Asociaciones es muy grande y es, por otra parte, una oportunidad de mejora y actualización. Invito a todos los componentes del sector a formar parte de las grandes asociaciones como ASIS, o ADSI, donde se engloban la mayoría de los profesionales, para que unidos podamos promover soluciones a los problemas emergentes, organizando Simposios, Foros, Conferencias, etcétera, para dar a conocer nuestras experiencias y soluciones en este mundo de la Seguridad tan complejo en el que desarrollamos nuestro trabajo.

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