Dos años de Las Ramblas: ¿Hacia dónde se dirige el ISIS.? (I)

Semana 31

ISSN 2603 - 9931

 

El 17 de agosto de 2017, solo después de una de las principales festividades del calendario español, el riesgo de atentado jihadista se materializaba en Las Ramblas de Barcelona, cuando una furgoneta atropelló a buen número de los turistas que paseaban a primera hora de la tarde por la turística zona barcelonesa. De este modo, Barcelona se unía a la lista de ciudades europeas y americanas atacadas desde que la espiral de violencia del Estado Islámico se iniciara en 2015.

Cronológicamente, estos años han sido sin lugar a duda los que mayor número de ataques y de víctimas han representado. Sin embargo, la caída del Estado Islámico en su bastión de Oriente Medio, si bien no ha hecho desaparecer la amenaza por completo, sí le ha restado buena parte de su capacidad: a menor control territorial menos ingresos, menos entrenamiento, menos recursos humanos y menor capacidad de movilización.

 

Sin embargo, esto no significa que la derrota sea completa. Como otros tipos de procedimientos de combate insurgentes, en situaciones de extrema desigualdad que amenacen al actor no-estatal, éste tiende a retirarse, re-estructurarse, recuperar capacidades, y cuando esté listo, retornar con nuevas opciones de victoria. Revoluciones como la china o la guerra de independencia argelina muestran estos casos. También la propia al-Qaida lo hizo durante los años de la “surge” estadounidense y el “Arab awakening”, donde milicias shiitas fueron utilizadas para luchar contra la insurgencia iraquí entre 2006 y 2010: y sin embargo, tras la retirada estadounidense, al-Qaida volvió para quedarse, mutar en el Estado Islámico, dividirse y continuar activa, incluso a día de hoy, en el norte sirio.

 

Sin embargo, cuando las fuerzas pseudoconvencionales están limitadas en su acción, la doctrina habla de volver a la acción no-convencional, en este caso al terrorismo. Entre septiembre y octubre de 2018, el semanario an-Naba, órgano oficial del Estado Islámico desde que se interrumpiera -probablemente por motivos logísticos relacionados con la pérdida territorial de bastiones como Raqqa- la publicación de la famosa revista Rumiyah, publicó una trilogía de artículos destinada a mover la lucha por la expansión del Califato de Oriente Medio a las ciudades. Bajo el título “Los apoyos del Califato en el Campo”.

 

El primer documento alude a la preparación moral y psicológica del mujahidin. Superar el miedo a través de la acción y del compromiso con la religión verdadera, para pasar al planeamiento del ataque, evaluando las vulnerabilidades del enemigo a atacar mediante la observación y la vigilancia, para poder atacarlo con todos los medios posibles y maximizar los daños. Para ello, la moral, la modestia y el éxito de la operación debe predominar sobre cualquier acción por encima de consideraciones personales. Debemos tener en cuenta que la base moral-religiosa, en el caso de movimientos terroristas religiosos actúa como factor aglutinante y distintivo de sus miembros, por lo que va más allá de la mera radicalización para construir una suerte de pertenencia difusa sin necesidad de contactos físicos entre los miembros. Este documento refuerza también esta idea. Finalmente, la infografía aporta una serie de consejos de seguridad de cara al éxito de las operaciones: nunca subestimar al enemigo, planeamiento detallado de posibles planes de contingencia ante incidentes inesperados que permitan improvisar y llevar a cabo la operación, ser cauto con la información que se recibe de forma desinteresada, puesto que podría tratarse de una trampa destinada a prevenir el desarrollo del ataque, y ser consciente de que en la jihad, el mujahid siempre debe asumir riesgos. Podemos afirmar, pues, que esta primera infografía se centra en la primera fase del ciclo de planeamiento del ataque terrorista, es decir, la selección de objetivos basada en la consecución de información, elaboración de inteligencia, y diseño preliminar del ataque.

 

El segundo documento, por su parte, se basa en llevar a cabo operaciones con fuego, es decir, “fire as a weapon” o el fuego como arma, aspecto que abordaremos en otro artículo con mayor detenimiento.  La guía sugiere el uso de cometas -ya empleadas por Hamas para sortear la valla de Gaza e incendiar campos de cultivo israelíes- o cocteles molotov, lanzados sobre los objetivos, aplicándoles temporizadores. Se recomienda utilizar sustancias acelerantes para que se extienda con mayor rapidez y dificultar el control sobre el incendio. La guía también recoge una serie de objetivos potenciales, en los que se busca, siguiendo las consignas de la doctrina de combate jihadista, maximizar el número de víctimas y el impacto psicológico: así, la guía propone utilizar las técnicas arriba reseñadas en centros comerciales, almacenes y gasolineras para dañar los intereses de los infieles y provocar elevado número de víctimas, y dañar la riqueza y estructura económica de los países infieles quemando granjas, campos, y, de nuevo, centros comerciales o gasolineras -como infraestructura crítica y por su impacto energético y ambiental-. Por tanto, el fuego como arma no solo se concibe como generador de impacto en términos de vidas humanas, sino también como herramienta con la que minar las capacidades occidentales y con ello, su moral. Finalmente, la guía señala como ventaja de este modus operandi que el fuego es una herramienta sencilla de utilizar, que no requiere entrenamiento previo ni materiales que puedan resultar sospechosos, tiene gran capacidad destructiva de bienes materiales -y humanos-, y, especialmente, tiene un poderoso impacto psicológico en cualquier población. La guía incluso alude no solo al fuego, sino a la amenaza de fuego, mencionando como ejemplo la estampida del puente de al-Aimmah, en Bagdad, donde la amenaza de un ataque suicida hizo que cundiera el pánico entre los asistentes a una peregrinación, que trataron de huir a través de dicho puente, quedando mucho de ellos atrapados y muriendo aplastados por la multitud o ahogados en el Tigris tras caer del puente por la presión de la propia estampida; se produjeron 950 muertos (2005), o que incluso se puede combinar el uso de fuego para dirigir una huida en masa hacia un determinado punto donde se hayan colocado previamente artefactos explosivos, nuevamente para maximizar el número de bajas.

 

Finalmente, una tercera parte, de menos aplicación en un contexto occidental, pero igualmente de interés, alude al uso del engaño y de la emboscada. Algunas de las tácticas sugeridas se basan en el uso de cebos, tales como una explosión de limitado impacto que atraiga a las fuerzas de seguridad, acompañada de un segundo artefacto que explosione a su llegada, o utilizando maniobras clásicas de decepción militar, como el filtrado de información falsa que del mismo modo lleve a dichas fuerzas de seguridad a un determinado lugar, siguiendo una determinada pista -amenaza de ataque, presencia de individuos radicalizados, etcétera-, donde del mismo modo también les espere un artefacto explosivo oculto. La misma técnica puede emplearse también en ataques con IEDs en rutas de paso frecuente de convoyes militares o policiales, técnica ampliamente empleada durante la primera fase de la insurgencia iraquí (2003-2006), que se ha seguido utilizando y que este documento apunta a que se valora su extensión -pese a las dificultades logísticas que puede entrañar-. Finalmente, la técnica de utilizar engaños como cebo también se propone como aplicable contra víctimas aleatorias -infieles, apóstatas, etcétera-, que puedan ser atraídos mediante un engaño a lugares apartados o discretos donde se les pueda asesinar o secuestrar como presión psicológica. Si esta primera parte tiene una función eminentemente psicológica -es decir, terrorista-, el tercer documento señala en segundo lugar una serie de acciones que caen dentro de las tácticas propias de la guerra de guerrillas, por lo que su aplicación en Occidente debe, si bien tenerse en cuenta, ser observada con reservas por las condiciones específicas en cuanto a entorno que la guerra de guerrillas precisa para poder llevarse a cabo; en cualquier caso, el texto señala la decepción militar basada en la filtración de información para atraer objetivos, o bien la consecución de inteligencia sobre los movimientos de columnas enemigas, para poder atacarlas. Los objetivos sugeridos, siguiendo la doctrina clásica de la guerra de guerrillas, son columnas militares en movimiento, a ser atacadas en zonas aisladas donde recibir refuerzas sea difícil en términos de tiempo y distancia, atacar las columnas de abastecimiento logístico, que minan tanto la moral por el ataque en sí, como por la propia pérdida material, y finalmente, la emboscada clásica -hit and run operation-, donde se busca el ataque rápido y concentrado en la superioridad de fuego sobre el objetivo, y la rápida retirada finalizado el ataque, sugiriéndose también que se combine con IEDs preestablecidos; como se mencionaba con anterioridad, este tipo de ataques entrañarían gran dificultad en cualquier país occidental por el propio entorno y las propias capacidades, si bien en otros escenarios como Iraq, Niger, Somalia o Mali, se ha producido de forma recurrente en la última década. La doctrina de combate jihadista actual ratifica la utilidad y continuidad de este modelo de ataque. Finalmente, como la guerra guerrillas ha venido significando desde sus orígenes y especialmente desde mediados del siglo XX, en que fue inicialmente sistematizada por Mao Tse Tung, no busca tanto la derrota militar, sino la desmoralización del enemigo hasta que deje de combatir y se retire, una casuística relacionada con el concepto de la “guerra prolongada”, que también coincide con la percepción musulmana en general y jihadista en concreto, plasmada en nociones como “sangrar por mil cortes”, acuñado por Abu Musab al-Sury.

 

Por tanto, a pesar de la pérdida del control territorial del Estado Islámico en Siria e Iraq, que actuó durante casi cinco años como santuario jihadista y laboratorio de operaciones, que se combinaban con la acción de jihadistas individuales en Occidente, y a pesar de que parece que el número de acciones se ha visto reducido en los últimos meses, el flujo de ideas y nuevos modelos de acción permanece activo, por lo que no es descartable ni que continúen los modelos ya empleados y probados con garantías de éxito en anteriores ocasiones -atropellos como Las Ramblas, Berlín o Niza, apuñalamientos como Londres, tiradores activos como Bataclan-, no se debería perder de vista la evolución de mecanismos como los que documentos como los presentados plantean. Se debe tener siempre en cuenta que cualquier insurgencia, como lo es el Estado Islámico por muy menoscabado que esté, como estructura social, se adapta al ecosistema para garantizar su supervivencia, y uno de estos mecanismos de adaptación pasa por el cambio táctico.[1]

 

 

 

 

[1] Este documento se basa en el análisis de tres publicaciones en la última parte de 2018 en el semanario an-Naba, publicado de forma oficiosa por el Estado Islámico, y accedido a través de diversos canales de Telegram. A este documento le sigue un segundo, analizando directrices complementarias, correspondiente a la primera mitad de 2019. La traducción y análisis de los documentos ha sido realizada por la autora.

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