Year 4 - Week 5

ISSN 2603 - 9931

 

Ningún lugar de oración, independientemente de su confesión, está exento de sufrir crímenes y violencia. La religión, comúnmente incluida en los elementos constitutivos de la identidad y cultura de una sociedad, es probablemente también uno de los principales factores desencadenantes de actos violentos, basándose en la dicotomía de “ellos” frente a “nosotros”. Casos como el ataque al templo sikh de Oak Tree en 2012, donde Wade Michael mató a seis personas e hirió a otras cuatro, permanecen en nuestra memoria. El ataque a la Sinagoga de Neve Shalom en Estambul,  la masacre de Hebron en la mezquita de Ibrahimi por un colono israelí, el ataque a la mezquita egipcia de al-Radwa por el Estado Islámico o el incidente de tirador activo en la iglesia tejana de Sutherland Springs han sido solo algunos de los incidentes más famosos sucedidos en este tipo de lugares en las últimas tres décadas. Insider threats, extraños motivados ideológicamente y terroristas aleatorios pueden ser potenciales atacantes en uno de los soft targets más vulnerables: los dedicados al cultivo y práctica de la fe.

 

Uno de los últimos ataques de este tipo tuvo lugar el pasado 27 de octubre en la Sinagoga Tree of Life de Pittsburgh, Estados Unidos, donde murieron once personas y más de treinta resultaron heridas.

 

La veintena de fieles asistentes al Sabbath junto con miembros de la comunidad que llegaban lentamente para la celebración de las primeras oraciones se congregaba lentamente en la sinagoga cuando de repente estalló el caos. A las 9:54 los servicios de emergencias del 911 comenzaron a recibir llamadas de la sinagoga notificando la presencia de un tirador activo en el edificio. Una de las víctimas decía estar escondido en una despensa en la tercera planta, mientras los disparos continuaban fuera, y que al menos desde su escondite veía a una víctima. El señor Charney, de noventa años, solo podía pensar en dos cosas: “mantén la boca cerrada y ni respires”. El tirador activo iba habitación por habitación disparando a nuevas víctimas para luego pasar a la siguiente habitación. Cuando los primeros agentes de policía llegaron al lugar a las 10 de la mañana –con un intervalo de respuesta de solo 6 minutos desde la primera notificación del incidente, el tirador abrió fuego sobre ellos, con informes por radio de la policía de estar bajo fuego de armas automáticas. Para las 10:55, hora en que el SWAT pudo acceder a la sinagoga, el tirador se había atrincherado en la tercera planta mientras remataba a cualquier víctima en la línea de fuego. Minutos más tarde, los negociadores de la policía establecieron contacto con el atacante, a pesar de que todavía se seguían produciendo disparos, y no fue lasta las 11:08 cuando el tirador se rindió y entregó a la policía. Más de una hora de horror para los fieles supervivientes.

 

El tirador activo, Robert Bowers, tenía un pasado de extremismo antisemita y participación en redes sociales como Gab, donde alegaba que quería matar a todos los judíos porque ellos estaban cometiendo un genocidio contra el pueblo estadounidense, según testificó uno de los SWAT que neutralizaron la amenaza[1]. La mañana del sábado 27 de octubre, Bowers cogió un rifle de asalto AR15 y tres pistolas e inició un tiroteo en masa sobre el objetivo declarado de su odio, una comunidad judía en Pittsburgh- Bowers tenía legalmente registradas a su nombre veintiún pistolas y no constaba de antecedentes penales a excepción de una multa de circulación de 201. Nada indicaba una personalidad perturbada o radical, salvo sus manifestaciones en la plataforma Gab sobre los judíos o criticando al presidente Donald Trump, al que tachaba de globalista y no nacionalista. Sin otros detalles conocidos sobre la personalidad de Bowers resulta complicado incluirle en una categoría psicológica, si bien sus declaraciones en Gab, el planeamiento de adquirir armas, la filtración en redes sociales de su plan violento, la clara selección de víctimas y la ejecución del ataque, incluyendo el atrincheramiento tras rematar a las víctimas que encontraba en la tercera planta, así como, finalmente, declararse no culpable en el juicio, podrían encuadrarle en la categoría del narcisista pseudocomando.

 

La seguridad en las casas de oración incluye múltiples aspectos que van de la seguridad de sus propios miembros, usuarios y visitantes a la preservación y protección de los bienes religiosos, la gestión de emergencias, desastres naturales y terrorismo. Con frecuencia este planeamiento choca con el retiro spiritual que estas instituciones tratan de preservas entre sus fieles.

 

En cualquier caso, algunas medidas de seguridad pueden implementarse sin influir en la oración ni en las celebraciones. Medidas de seguridad física como detectores de metal en los accesos pueden resultar drásticas, pero evitaron una masacre en una iglesia en Alejandría (Egipto) el Domingo de Ramos de 2017. Un comité de bienvenida no propiamente una medida de seguridad, pero constituye un primer punto de detección de conductas sospechosas y de individuos ajenos a la comunidad. Las medidas variarán en buena medida dependiendo del tamaño, ubicación y disponibilidad presupuestaria de la institución. Pero en cualquier caso, es la conciencia situacional el elemento obligatorio tanto para los líderes religiosos como para sus congregaciones. El ASIS Cultural Properties Council and the Houses of Worship Committee propone tres áreas de especial interés: seguridad interior (medidas de control de accesos, CCTV para vigilancia y sistema de alarma, medidas preventivas en puertas y ventanas, etc.), seguridad exterior (protección perimetral y medidas CPTED donde sean aplicables, monitoreo de lugares recónditos y equipos vulnerables, protección perimetral frente a ataques de vehículos con diversas medidas superpuestas –vallas, árboles, bancos, etc.) y procedimientos y buenas prácticas (adherirse al plan de seguridad, generar relaciones con las fuerzas de seguridad locales, elaborar un plan de emergencia que incluya medidas de confinamiento, refugios, kits de primeros auxilios y control de sangrado, zonas predefinidas para emergencias médicas y una ambulancia en los eventos de masas, protocolos de comunicación en emergencias incluyendo gestión de crisis, etc.)[2].

 

Sin embargo, algo para remarcar con mayor precisión es la necesidad de preparar a los fieles para gestionar este tipo de incidentes violentos. Si repasamos los testimonios sobre el ataque en Pittsburgh, alguna de las víctimas salvó su vida gracias a su rápida reacción: algunos de ellos primero huyeron, después se escondieron y entonces llamaron a la policía. Uno de los rabbis incluso logró abandonar el edificio y buscar ayuda una vez fuera. Estos aspectos se refieren más a la gestión del incidente que a la prevención, y desafortunadamente no son automáticos. La conciencia situacional y de seguridad son capacidades adquiribles y entrenables que conllevan un largo proceso de formación hasta que son interiorizadas por el individuo. Probablemente el hecho de tratarse de una comunidad judía –estereotipos aparte- tuvo algo que ver en el mindset de los supervivientes y su rápida respuesta. Probablemente también, de haberse producido el ataque en una iglesia Europea el número de víctimas habría sido mucho más elevado: los ataques en iglesias han sido altamente infrecuentes, e incluso más todavía los incidentes de tirador activo. Un caso como el de la Sala Bataclan era también sumamente improbable y sin embargo sucedió en pleno corazón de Europa. Lo que es más, los dos últimos ataques en lugares de oración en Estados Unidos, ambos incidentes de tirador activo, no han sido de naturaleza terrorista, sino una venganza familiar llevada a cabo contra toda la comunidad religiosa (Sutherland Springs, Texas, 2017), y un crimen de odio contra una comunidad judía. La violencia doméstica y los crímenes de odio representan una probabilidad mucho mayor de ataque que los incidentes terroristas. Probablemente en Europa deberíamos cambiar el arma de selección e introducir escopetas de caza o cuchillos en vez de armas automáticas. Aunque pueda parecer tranquilizador, lo cierto es que principalmente lo que se debería cambiar es nuestra conciencia situacional y de seguridad, lo cual, como decíamos, no ocurre de forma automática.

 

 

Artículo publicado en la revista Tactical Online en Diciembre de 2018

 

 

 

 

[1] Robertson, C. (2017) Quiet Day at a Pittsburgh Synagogue became a battle to survive. The New York Times, October 28, 2018.

[2] ASIS Houses of Worship Committee (2017), Securing Houses of Worship around the World. 

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