Doctrinas y tácticas de las operaciones Jihadistas "low tech".

Year 3 - Week 31

ISSN 2603 - 9931

 

 

El Corán, el libro sagrado del Islam, dice en su aleyah 4:89 “Pero si ellos se desentienden, atrapadlos y matadlos donde quiera que los encontréis y no toméis aliados ni apoyos entre ellos”. Este texto, que se refiere a los encuentros del Profeta Mahoma con los primitivos árabes considerados como infieles -todavía no convertidos al Islam- ha sido adoptado e integrado de una forma sesgada y descontextualizada como parte del discurso del jihadismo global como una motivación legitimadora para asesinar a todas las víctimas potenciales que quedan fuera de la categoría de “buenos musulmanes”. Múltiples han sido las publicaciones en vídeo, documento escrito, audio, etcétera, distribuidas en formato digital a través de diversas plataformas en los últimos años. Uno de los últimos ejemplos de este tipo de publicación apareció en redes sociales y plataformas de mensajería instantánea varios días después de Navidad, bajo la autoría del Estado Islámico en Somalia; se trataba de un vídeo titulado “Atrapadlos”, y mostraba imágenes de mujahidines aproximándose a ciudades occidentales, armados con cuchillos y armas de fuego, junto a imágenes de archivo de los atentados más famosos en Europa en los últimos años, así como imágenes relacionadas con las fiestas navideñas en las que figuraban tanto iglesias como sacerdotes en incluso el propio Papa dentro de un objetivo. Mientras, hace apenas unas semanas, un individuo de origen checheno llevaba a cabo en París el ultimo -por ahora- apuñalamiento con varias víctimas mortales. Pese a que el número de bajas fue limitado, el mensaje del Estado Islámico, que pronto reclamó la autoría del ataque a través de uno de sus soldados, era claro: “Matadlos [a los infieles] allá donde los encontréis”. Sin embargo, la pauta seguida en este tipo de ataques va más allá de la mera simplicidad de los mismos. Implican una justificación doctrinal y ventajas tácticas que explican en mayor detalle la alta ocurrencia de este tipo de actos.

 

En primer lugar, debemos entender el uso del terrorismo “low tech” o de baja sofisticación, dentro del marco de los cambios organizativos que han a los diversos movimientos terroristas a lo largo de las dos últimas décadas. Tras el 11-S y especialmente tras las intervenciones estadounidenses en Afganistán e Iraq, donde se implicó a la comunidad internacional en la Guerra Global contra el Terrorismo (GWOT, en su acrónimo en inglés), el aparato de reclutamiento de al-Qaeda perdió buena parte de sus capacidades debido a los refuerzos internacionales en los controles sobre el flujo de foreign fighters que acudían a Afganistán o Iraq en apoyo de la jihad. En consecuencia, el número de nuevos jihadistas a ser re-desplegados en Occidente tras haber entrenado en las bases seguras de al-Qaeda se redujo también drásticamente. En este contexto, alguno de los estrategas de al-Qaeda comenzaron a diseñar un nuevo Sistema de reclutamiento que garantizase fuentes alternativas de reclutas para continuar la guerra contra Occidente a la vez que previniese que la estructura fuese infiltrada o desarticulada por las fuerzas de seguridad: en 2004, con el libro “Llamada a la Resistencia Global Islámica”, Abu Musab al-Sury proponía un sistema basado en el modelo de Louis Beam de “Resistencia sin Líder”, que integraba en el pensamiento jihadista la idea del terrorismo individual operando según las pautas ideológicas de su correspondiente movimiento en cuanto a selección de objetivos y rango de víctimas, mientras que carecía de vínculos físicos con la organización, lo cual dotaba a la organización de seguridad y evitaba que el grupo fuera infiltrado por agencias de seguridad o inteligencia (1). Internet comenzó a proporcionar una nueva plataforma de comunicación con nuevos canales de difusión, y entre 2004 y nuestros días hemos atendido a la emergencia de un nuevo modelo de propaganda digital compuesto de documentos pdf enriquecidos y contenido en video, distribuidos para el reclutamiento y adoctrinamiento de las bases, que facilitaba no solo las líneas de acción ideológica a lo que se añadía también entrenamiento militar básico en aspectos tales como fabricación de explosivos caseros, uso de pistolas y subfusiles o técnicas de apuñalamiento [2]. Al-Sury analizaba, al igual que otros teóricos de la Guerra irregular, de un modelo de Guerra prolongada que él también denominaba “muerte por mil cortes” que reflejaba el trasfondo operativo de ataques a baja escala pero repetidos con tanta frecuente en múltiples puntos del mundo que terminarían por desmoralizar al enemigo -Occidente- conduciéndole a la derrota y a la expansión de la Ummah a nivel global. A lo largo de varios artículos publicados en Inspire, la revista de al-Qaeda distribuida por internet, al-Sury presentaba una sección completa en la que indicaba posibles objetivos para coordinar a nivel global el esfuerzo jihadista y magnificar resultados e impacto mediático, como por ejemplo los ataques sobre Estados musulmanes considerados apóstatas, áreas de interés económico o geoestratégico occidentales y, finalmente, ataques en el corazón de los países occidentales contra su población civil [3].

 

La selección de armas está íntimamente ligada, en este sentido, a la doctrina, pero también a los aspectos organizativos tanto del ataque como de las relaciones atacante-organización. A pesar de que las armas de fuego resultan características de ataques terroristas llevados a cabo por “lobos solitarios” o terroristas individuales, puesto que son sencillas de usar, junto con artefactos explosivos improvisados, que requieren un mayor grado de preparación técnica del atacante, los datos muestran un número comparativamente bajo de ataques con este tipo de armas. Dos explicaciones resultan plausibles: primero, la capacidad logística del individuo -incluyendo aspectos como el acceso a armas-, y segundo, el know-how o entrenamiento adecuado para operar en condiciones de éxito dichas armas. En este sentido, Jasparro señala que los lobos solitarios tienden a usar armas prácticas y fáciles de utilizar” [4] tales como ataques vehiculares y cuchillos. Otra variable vinculada a lo anterior es la selección de un objetivo. Los ataques terroristas, contrariamente a lo que sucede en otros tipos de incidentes armados, están por lo general cuidadosamente diseñados a través de un ciclo de planeamiento que integra inteligencia acerca del objetivo y formas de aproximarse al resultado buscado por la organización: en este sentido, la doctrina de combate como la intersección del trasfondo ideológico y del propósito del ataque determinarán las características de la acción, la tipología de víctimas potenciales y su número y, en consecuencia, definirá qué armas son más apropiadas para lograr el objetivo marcado por la organización como estructura armada y como vehículo ideológico. Del mismo modo, el terrorismo va mucho más allá del mero “resultado military” cuantificable en número de víctimas o nivel de destrucción del objetivo físico, para centrar también su atención en el mensaje lanzado con el ataque: en este sentido, podemos decir que el efecto psicológico de ataques terroristas altamente sofisticados emite un mensaje de miedo debido al nivel de capacidades técnicas de la organización, mientras que un ataque terrorista de baja sofisticación o “low-tech”, como un apuñalamiento o ataque vehicular provocará un mayor impacto entre la población, pues la facilidad de llevar a cabo el ataque incrementará la percepción social de vulnerabilidad [5]. Finalmente, y en cuanto a la relación atacante-organización, la falta de conexiones físicas entre ambos excepto por el vínculo ideológico redunda por norma general en unas menores capacidades logísticas en materia de acceso a armas, por lo que las armas de elección vendrán condicionadas por la capacitación técnica del terrorista, destacando dos tácticas principales: el uso de explosivos caseros e IEDs por una parte, y, por otra y en presencia de capacitación operativa limitada, uso de armas de fortuna como cuchillos de uso doméstico o vehículos.

 

En base a todo lo anterior, ¿por qué entonces utilizar vehículos y cuchillos como armas, según la doctrina de al-Qaeda y posteriormente del Estado Islámico? En 2010, el segundo número de Inspire, la revista de al-Qaeda, publicaba un artículo titulado “The latest mowing machine” (La última máquina cortacésped), donde explicaba cómo llevar a cabo ataques vehiculares sobre población civil de forma exitosa, preferiblemente en zonas con altas concentraciones de peatones y poco tráfico rodado para así maximizar el número de víctimas [6]. De forma similar, el segundo número de Rumiyah [7], la revista del Estado Islámico, analiza el uso de cuchillos como arma de fortuna. Como se ha mencionado con anterioridad, el arma de elección es parte del mensaje: terror y vulnerabilidad, puesto que se trata de armas fácilmente accesibles y que pueden ser utilizadas como medio de ataque por cualquiera.

 

Desde el punto de vista táctico, Podemos extraer varias conclusiones acerca del uso de las operaciones de apuñalamiento a raíz de la propaganda distribuida principalmente por el Estado Islámico. Primero, la necesidad de seleccionar cuidadosamente un cuchillo apropiado, de hoja fija y no plegable cuya hoja se pueda doblar durante el ataque.

 

Segundo, la selección del objetivo: mientras coches y camiones son apropiados para llevar a cabo ataques sobre grandes concentraciones para provocar un alto número de víctimas, los cuchillos se presentan como la mejor opción para concentraciones menores de víctimas potenciales, como zonas peatonales, etcétera, donde abundan los posibles objetivos pero en una forma menos aglomerada. Mientras una gran multitud podría neutralizar al atacante durante la agresión, una multitud menor sufriría igualmente el impacto del mensaje de terror, pero su capacidad de respuesta sería menor.

 

En tercer lugar, la efectividad del ataque. para maximizar el número de víctimas, el ataque debe estar orientado a herir y matar, y no a asesinatos mediáticos como puede ser una decapitación de alguna de las víctimas: aunque el impacto mediático de este modus operandi sería posiblemente superior, la técnica requiere de un tiempo que podría ser utilizado en sentido contrario para incrementar el número de víctimas, por lo que la opción es la maximización de bajas y a través de ella el incremento del impacto mediático. Para lograr esta maximización del número de víctimas con armas blancas el Estado Islámico señala como factor clave el apuñalamiento sobre los órganos vitales de la víctima (corazón, pulmones o riñón) o arterias (en la parte interna del cuerpo y extremidades) para provocar el colapso inmediato de la víctima o su exanguinación. Como primer paso y para evitar ser detenido al inicio del ataque, una primera puñalada acompañada de un corte en la garganta de la primera víctima evitará que ésta sea capaz de dar la voz de alarma, incrementando la Ventana de oportunidad del atacante. En caso de un atacante novel en el uso de armas blancas, y puesto que la ropa de la víctima puede suponer un problema por la Resistencia que ofrece, se recomienda atacar las partes del cuerpo descubiertas, como el cuello, pero también considerar llevar a cabo el ataque en épocas del año donde se utiliza menos ropa y ésta es más ligera, como el verano.

 

En cuarto y último lugar, el mensaje: los países occidentales, donde las reyertas y la violencia callejera es frecuente, pueden confundir el ataque con un mero altercado, por lo que el mujahidin debe dejar claro a través de evidencias tales como banderas o vídeos previos con su bay’ah al Estado Islámico, cuál es el propósito de su ataque, de modo que el mensaje de terror alcance a la audiencia objetivo.

 

De todos estos elementos Podemos concluir que el terrorismo “low-tech” y en concreto las operaciones de apuñalamiento son un resultado de los cambios organizativos que el terrorismo internacional ha sufrido y que han afectado especialmente al terrorismo jihadista. Las dificultades para acceder a armas, especialmente en países occidentales, han limitado en buena medida las opciones de desarrollo de un ataque, a lo que se une la falta de un entrenamiento militar efectivo. La tipología de posibles objetivos, objetivos blandos con presencia de civiles, refuerza el impacto psicológico del ataque, pero también hace innecesario el uso de tácticas más complejas con armas más sofisticadas. Estos factores hacen de las operaciones de apuñalamiento una de las tácticas preferidas de los jihadistas individuales, por su eficiencia en términos de coste, esfuerzo y resultados.

 

 

[1] Crevillén, D. (2017) Categorización de los tiradores activos (III): el jihadista individual, GrupoDC Solutions Blog de Inteligencia, Seguridad y Defensa

[2] GrupoDC Solutions (2017). Telegram como plataforma para la propaganda jihadista, GrupoDC Solutions Blog de Inteligencia, Seguridad y Defensa

[3] Al-Sury, A.M. (2011) The jihadi experiences, Inspire n. 8, pp. 18-19.

[4] Jasparro, C. (2010) Lone Wolf: the threat from independent jihadist. Jane’s Intelligence Review, pp. 3-4

[5] Gill, P., and Corner, E. (2016) Lone-actor Terrorist Target Choice. Behavioral Sciences and the Law, issue 34, pp. 693-705.

[6] Ibrahim, Y. (2010) The ultimate mowing machine, Inspire n. 2, pp. 53-54.

[7] Rumiyah (2016) Just terror tactics, Rumiyah n. 2, pp. 12-13.

 

Artículo publicado en la revista Táctical Online en el mes de Julio de 2018 

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