Stop the Bleed: más que una formación.

Year 2 - Week 41

ISSN 2603 - 9931

 

Los sucesivos ataques terroristas e incidentes armados con múltiples víctimas han originado a lo largo de toda esta década une revisión de la teoría de la gestión de dicho tipo de incidentes que busca integrar en la arquitectura de seguridad la salvaguarda de la vida de las víctimas desde un enfoque multi-agencias y por tanto, multidisciplinar. Un primer hito en esta tendencia integradora lo supuso la conferencia en abril de 2013 en Hartford, Connecticut, celebrada a instancias del American College of Surgeons y el FBI, y que reunió a médicos, fuerzas policiales, bomberos y cuerpos de rescate, sanitarios emergencistas y militares, quienes abordaron desde una perspectiva empírica el problema que representa para Estados Unidos los incidentes de tirador activo y la necesidad de desarrollar un documento o protocolo que sistematizase la experiencia de todos los actores y agencias implicadas en este tipo de incidentes. El documento final, conocido como Consenso de Hartford, y titulado “Improving Survival from Active Shooting Events”[I], busca promover políticas a nivel nacional, estatal y local que mejoren la supervivencia en este tipo de eventos tan infrecuentes como letales, planteando métodos implementables también por los diversos actores, destinados a minimizar las pérdidas de vidas humanas. Todo ello parte de una premisa: pese a que la prioridad es la neutralización de la amenaza, el control temprano de las hemorragias es crítico para incrementar la tasa de supervivencia entre las víctimas. En este sentido, el Consenso de Hartford elabora un primer algoritmo de respuesta, que busca integrar todos los medios implicados en la gestión del incidente, recogido bajo el acrónimo THREAT:

  • T(hreat Supression)

  • H(emorrhage control)

  • R(apid) E(xtrication to Safety)

  • A(ssessment by medical providers)

  • T(ransport to definitive care)

Sin embargo, este primer Consenso acentuaba el rol de las fuerzas de seguridad como primeros respondientes a la tragedia, vinculando la fase operativa de neutralización de la amenaza con la repuesta asistencial integrada. El intervalo de tiempo entre la herida y la asistencia y control de la hemorragia puede ser reducido visiblemente por estos primeros respondientes correctamente formados. Pero el hecho es que, en condiciones normales, se produce un intervalo de respuesta desde que se inicia el incidente armado hasta que los primeros respondientes llegan al lugar de los hechos e inician el proceso de neutralización de la amenaza. El Segundo Consenso de Hartford (septiembre de 2013)[II] analiza esta característica e introduce una serie de precisiones: la tarea de controlar una hemorragia no debería de recaer en exclusiva sobre los primeros respondientes policiales, sino que la atención inicial a las víctimas también puede ser compartida con viandantes y heridos leves, que también pueden actuar como rescatadores, convirtiéndose así en intervinientes inmediatos. Finalmente, es el tercer Consenso Hartford[III] el que reconoce la necesaria ampliación de actores intervinientes, para dejarla como sigue:

 

1.- Respondientes inmediatos: individuos que están presentes en la escena y que pueden controlar el sangrado inmediatamente con las manos o equipo que pueda estar disponible en el momento. Estos “viandantes”, según este tercer Consenso, no deberían ser considerados meros observadores pasivos en el incidente, sino que su rol, crítico durante el intervalo de respuesta de las fuerzas de seguridad, e un elemento clave a la hora de minimizar el número de víctimas: son estos intervinientes inmediatos quienes pueden realizar en el primer momento el control de hemorragia externa exanguinante.

 

2.- Primeros respondientes profesionales: respondientes prehospitalarios con el equipamiento necesario y formación. Aplicando el algoritmo THREAT, las fuerzas de seguridad deben en primer lugar neutralizar la amenaza, para a continuación tratar a las víctimas que presenten síntomas de hemorragia exanguinante y cuya vida corra peligro.

 

3.- Profesionales médicos en hospitales, con todo el material y equipamiento necesario y capacidades para proveer los cuidados definitivos a la víctima.

 

Pero si por algo deben destacarse los tres Consensos, es por basar esta categorización de respondientes en la necesidad de una formación específica para cada uno de ellos. Así, en el caso de los intervinientes inmediatos, el III Consenso remarca la necesidad formativa en acciones que garanticen la seguridad personal a través de la integración de protocolos como “Run-Hide-Fight”, cómo identificar sangrados que puedan constituir una amenaza para la vida, técnicas manuales de compresión, uso seguro y efectivo de vendas hemostáticas y torniquetes, así como el uso de medios de fortuna en sustitución de los homologados, y técnicas de interacción adecuada con cuerpos de seguridad, emergencias y sanitarios. En segundo lugar, todos los primeros respondientes profesionales deberían contar con una formación específica que garantizase su seguridad personal y la integración con el resto de primeros respondientes e intervinientes inmediatos a través de mecanismos de comunicación efectivos, la aplicación correcta del algoritmo THREAT, y el uso apropiado de mecanismos de compresión directa, vendajes hemostáticos y torniquetes. De este modo, pese a que el tercer consenso tiende a reforzar el papel de los intervinientes inmediatos, podemos observar la escalabilidad formativa, de más básica a más sistematizada y adaptada al perfil profesional del interviniente.

 

Finalmente, otro de los elementos clave que tanto el segundo como el tercer Consenso contemplan es la necesaria construcción de capacidades. Para la implementación de todo el proceso formativo es necesaria la disponibilidad de equipos básicos de control de hemorragias que incluyan triajes para catalogar la gravedad de las heridas, torniquetes y agentes hemostáticos, etcétera. En este sentido, las lecciones aprendidas de sistemas ya testados y que han proporcionado éxitos patentes como a doctrina TCCC son un elemento clave que los Consensos han integrado en la gestión de incidentes armados con múltiples víctimas.

 

En este marco conceptual, ¿cuál es la situación general en nuestro país? Sin caer en la autocomplacencia, conceptos como TCCC, primer respondiente o interviniente inmediato comienzan a abrirse paso en determinados sectores como pueden ser el sanitario o la seguridad privada. Solo por citar algunos ejemplos, desde GrupoDC Solutions llevamos ya dos años trabajando en la línea formativa del vigilante de seguridad y del personal laboral no relacionado con el departamento de seguridad, como intervinientes inmediatos y como profesionales que ineludiblemente van a estar en el terreno en el momento de producirse el incidente. Proyectos como “Evita una muerte, está en tus manos”, que en el último mes ha impartido formación específica tanto para intervinientes inmediatos como primeros respondientes en los Hospitales Universitarios del 12 de Octubre y La Paz, dicho proyecto nació en el año 2015, está coordinado por Juan José Pajuelo y ya son más de veinte cursos los que se han impartido de manera gratuita a ciudadanos[IV].

 

La concienciación multinivel y multidisciplinar de todos los actores implicados es clave y pasa por la formación. Los ciudadanos deben ser conscientes de la improbabilidad de este tipo de incidentes como de su letalidad. Nadie o casi nadie pensaba morir atropellado paseando por las Ramblas una tarde de agosto, ni desmembrado una mañana de marzo en el trayecto del Cercanías camino del trabajo en Madrid. El lugar común de “a mí no me va a pasar” es un paradigma obsoleto en la sociedad global, las amenazas existen y negarlas no las hace desaparecer. Nuestras FCSE y Servicios de Emergencias deben estar preparados para asumir un rol multidisciplinar que conjugue seguridad, operatividad y gestión prehospitalaria para minimizar la debacle de un incidente con múltiples víctimas. Y, especialmente, la Administración Pública debe sobrepasar disquisiciones competenciales y apostar por la formación y la construcción de capacidades: del mismo modo que se han generalizado los espacios cardioprotegidos los espacios públicos deberían contar con equipamientos básicos para control de hemorragias masivas susceptibles de ser utilizados por intervinientes inmediatos,  garantizar que las dotaciones de primeros respondiente también contasen con ellos como parte de su equipamiento cotidiano, y promover y facilitar que instancias privadas también lo implanten como una medida más en sus planes de seguridad y autoprotección.

 

También en esta ocasión debemos concluir con lo que ya se está convirtiendo en una máxima profesional. La seguridad es una responsabilidad de toda la ciudadanía que no podemos eludir. Y en este sentido no podemos por menos que apoyar tanto el proyecto como el ideario que conlleva y que se encierra en la frase “Evita una muerte, está en tus manos”.

 

 

 

 

[I] Consenso Hartford I, “Improving Survival from Active Shooting Events”, 2013. En http://www.naemt.org/files/lefrtcc/hartford_consensus.pdf

[II] Consenso Hartford II, “Active Shooter and Intentional Mass-Casualty Events”, 2013. En http://bulletin.facs.org/2013/09/hartford-consensus-ii/

[III] Consenso Hartford III, “Implementation of Bleeding Control”, 2015. En http://bulletin.facs.org/2015/07/the-hartford-consensus-iii-implementation-of-bleeding-control/

[IV] Evita una muerte, está en tus manos

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