Nuevos retos para la arquitectura de Seguridad Occidental.

Year 2 - Week 25 

 

El presente artículo es un resumen de la comunicación “Nuevos retos para la arquitectura de seguridad occidental: de Mosul al corazón de Europa”, presentada en la IX Jornadas de Estudios de Seguridad del Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (Madrid) el pasado 24 de mayo.

 

La evolución de grupos como al-Qaeda y el Estado Islámico como nuevas formas de insurgencia global obligaron hace ya más de una década a reformular el concepto de contrainsurgencia a nuevos escenarios que iban de lo local a lo regional y de ahí daban el salto al escenario global. Sin embargo, cuando hechos tan dramáticos como el 11S, el 11M o el 7J comenzaban a difuminarse en la memoria colectiva occidental, nuevos escenarios como Bataclán, Niza o el Puente de Londres han reclamado nuevamente el protagonismo del jihadismo global en las psiques europeas a través del uso del terror difuso como mecanismo de ataque. Pero, efectivamente, el concepto subyacente de insurgencia, como movimiento con la finalidad política de derrocar a un poder establecido haciendo uso entre otras herramientas, de la violencia, continúa teniendo validez ampliando sus miras a un escenario global, si bien ampliando el objetivo político a la creación de la Ummah o comunidad Islámica global, el poder a derrocar como el modelo político, económico y cultural occidental, y el uso de la violencia, y ello es el principal aspecto a analizar en este artículo, diversificado en una dualidad de procedimientos de combate adaptados a dos escenarios diferentes y que en consecuencia requieren también una respuesta dual y adaptada.

 

Para responder a este cambio debemos de partir de la evolución en el modelo de control territorial que implica la escisión del Estado Islámico de su organización de origen, al-Qaeda, pasando de un modelo clásico de expansión de bases seguras a uno con grandes semejanzas en el modelo foquista latinoamericano –creación de un foco con operativos altamente ideologizados que expandirán el territorio a través de la lucha armada: en nuestro caso, el Califato proclamado en Iraq y Siria, donde el Estado Islámico actúa siguiendo pautas de guerra de guerrillas en fase de convencionalización de la fuerza. Sin embargo, ello se complementa con la acción exterior como mecanismo de muestra de poder y despliegue de fuerzas a través de las acciones terroristas que de forma recurrente han tenido lugar en Europa y Estados Unidos en los dos últimos años.

 

De esta dualidad operativa inferimos la necesidad de una doble respuesta. Por una parte, continúan –y deben continuar- vigentes los modelos de contrainsurgencia que ya se han convertido en clásicos pero que en realidad son fruto de la revisión de la doctrina que tiene lugar en 2006 con la publicación del FM 3-24 y que da respuesta a la nueva amenaza jihadista, pero contemplando elementos como las operaciones CIMIC, el concepto de Reforma del Sector Seguridad (SSR) y las propias operaciones militares de limpieza y consolidación del territorio.

Por otra parte, sin embargo, la comunidad occidental debe lidiar con las operaciones exteriores del Estado Islámico, la figura de los lobos solitarios y toda una doctrina subyacente de combate que determina objetivos y modus operandi propiamente jihadistas que a día de hoy no ha sido analizada en profundidad. Así, el reconocimiento de los ataques sobre objetivos blandos con camiones, cuchillos y armas de fuego automáticas como formas premeditadas de ataque que responden a un elaborado pensamiento operativo filtrado gota a gota entre operativos sin vinculación de hecho respecto a la organización, es un ejercicio autocrítico que mejoraría la comprensión del fenómeno y la búsqueda de respuestas. A ello se une la necesidad de que la comunidad occidental debe también plantearse cómo llevar a cabo un modelo contrainsurgente en un entorno urbano que se halla marcado por la legalidad de los Estados de Derecho.

 

Las respuestas pasan necesariamente por la propia sociedad occidental. La doctrina contrainsurgente clásica afirma que la población es el centro de gravedad, el principal “bien” a proteger, pues de ella depende la legitimidad del Estado y por tanto la capacidad de enfrentar a un enemigo y de garantizar la supervivencia del sistema. Por ello la concienciación de la sociedad en su conjunto de su rol en la respuesta a la amenaza es un elemento clave, y en este sentido la formación es fundamental. Es perentorio ampliar el tradicional concepto de seguridad y en quien recae la responsabilidad. Ello no implica restar al Estado el monopolio del uso de la fuerza, sino de que la seguridad sea una responsabilidad social que complemente la arquitectura de seguridad actual. La clave la encontramos en el concepto de “intervalo de seguridad”, que es el periodo de tiempo que media desde que se inicia un incidente armado hasta que los primeros respondientes, es decir, las FCSE y los servicios de emergencia, llegan al lugar del incidente y toman el control de la situación neutralizando la amenaza y asistiendo a las víctimas. El tiempo record de respuesta tuvo lugar hace dos semanas en el atentado de Londres: ocho minutos. Durante ese intervalo, los primeros intervinientes, es decir, quienes estaban en el lugar de los hechos, eran las víctimas potenciales.

 

La conclusión que obtenemos a la luz de los hechos, que se han repetido sin solución de continuidad en los últimos dos años, es que existe una necesidad de ampliar el concepto de primeros respondientes ante un incidente armado –sea de naturaleza terrorista o no- de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad y Servicios de Emergencias a primeros intervinientes, como aquellas víctimas potenciales que se encuentran en el lugar de los hechos y juegan un rol clave en la minimización del número de víctimas a través de la gestión que realicen de incidente. Este es un paso clave en la ampliación de la arquitectura de seguridad que occidente precisa para gestionar las nuevas amenazas a que se enfrenta, superando la división entre fuerza pública y sociedad civil en pro de un modelo integrado que permita complementar a la primera fomentando el rol activo de la segunda, sobre parámetros informados y responsables.

 

Un primer paso, en este sentido, es la formación del personal de seguridad privada como primeros intervinientes capaces de gestionar tanto el escenario de un ataque como dirigir la seguridad del resto de víctimas potenciales en términos de evacuación y asistencia a heridos. El pasado 28 de abril GrupoDC Solutions organizó el primer curso de formación de Primeros Intervinientes ante Incidentes Armados con el personal de seguridad privada del CC. Diagonal Mar de Barcelona, finalizando con un simulacro de incidente armado gestionado conjuntamente con FCSE. Efectivamente es un primer paso, pero orientado a mejorar una arquitectura de seguridad que adolece de falta de integración entre su sectores público y privado y, especialmente, orientado a salvar vidas.

 

 

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