Telegram como plataforma para la propaganda Jihadista.

Year 2 -Week 13

ISSN 2603 - 9931

 

Telegram es un programa de mensajería instantánea fundado por Pavel Durov, empresario ruso, anterior CEO de VKontakte –equivalente ruso a Facebook- que tras su salida de dicha empresa centró sus esfuerzos en el desarrollo de su aplicación de mensajería. Telegram acaba de subirse al carro de las llamadas IP, pero su demora respecto a aplicaciones como Whatsapp tiene una explicación, y es que su principal interés, convertido en imagen de marca, es la seguridad de los mensajes, el anonimato de las comunicaciones y de sus emisores. Para ello, desde sus inicios Telegram ha unido dos elementos importantes. El primero es que sus servidores están en Rusia, Estado que hasta la fecha no ha parecido proclive a vender la información de los usuarios ni a utilizarla con fines propios, o al menos esta conducta no se ha filtrado a los medios de comunicación; recordemos hace poco más de un mes el escándalo de Vault 7, filtrado por Wikileaks que implicaba directamente a la CIA. El segundo, que representa la verdadera imagen de marca de la aplicación, es la introducción del cifrado end-to-end, es decir, basado en el encriptado de todo el mensaje, donde sólo los usuarios finales de la información –tanto emisor como receptor- tienen la clave para desencriptar el mensaje. De este modo se añade una capa de protección más frente a ataques a la información como eavesdropping o man-in-the-middle, que o bien interceptan parte del mensaje, o bien suplantan la identidad del receptor. Si bien otras aplicaciones han introducido estas medidas de seguridad, como Whatsapp, Telegram fue en su momento la pionera, y ello ha marcado el segmento de sus usuarios.

 

Unido al aspecto securitario, Telegram también fue un pionero en introducir en la aplicación intercambio de archivos multiformato (doc, pdf, mp3, mp4, etcétera), hasta de un Gigabite de tamaño, y permite el almacenamiento por el tiempo que el usuario determine en la nube, de modo que posibilita el borrado del archivo en el dispositivo receptor y su recuperación posterior desde la propia aplicación. Del mismo modo, la aplicación permite un uso multiplataforma sincronizado desde diferentes dispositivos con la misma cuenta de usuario, que también ofrece diferentes grados de privacidad, incluido el ocultamiento del número de teléfono bajo un pseudónimo, de modo que acceder a un usuario o grupo es imposible de no conocer dicha identificación. Finalmente, y ello también es importante para el tema que nos ocupa, permite la creación de grupos de hasta 5000 miembros.

 

Obviamente, de entre todas estas ventajas –que poco a poco otras aplicaciones han ido introduciendo en cierta medida- el reforzamiento del encriptado y la seguridad del contenido de los mensajes es un avance para los usuarios, pero dentro de éstos hay una importante franja que disfruta especialmente del anonimato que Telegram proporciona. De hecho, desde 2015 ya se comenzó a detectar la presencia de canales que daban un uso ilícito al servicio de mensajería: nos referimos a grupos vinculados a la jihad global como al-Qaeda y, especialmente, el Estado Islámico.

 

Efectivamente, Telegram permite la difusión de contenidos, base de la propaganda de la organización, de forma fluida y en tiempo real. Destaca la estructura de canales del Estado Islámico y su agencia de noticias Amaq, que pese a tener una página web, ésta cuenta con una IP variable, con lo cual salvo que se acceda a través de un link que sirva como invitación, es casi imposible rastrearla en el tiempo. Los canales de Amaq en Telegram, de los que sólo en inglés tenemos contabilizados seis, de los cuales tres permanecen inactivos desde el inicio de las operaciones sobre Mosul y las pérdidas territoriales en Siria desde septiembre-octubre de 2016, y a los que se unen otros tantos en árabe a los que sólo se accede mediante links de invitación y vinculados a pseudónimos como @nasherIslamicState (actualmente inactivo), publican información sobre dos temas, principalmente: las operaciones militares en Siria e Iraq (tanto contenido escrito como infografías y vídeos de las operaciones) y, especialmente, las reclamaciones de autoría de los diversos ataques perpetrados por individuos vinculados al Daesh en Europa, como fue el caso de Anis Amri, el terrorista que empotró un camión en el mercado navideño de Berlín, o del atentado sobre las iglesias coptas de Tanta y Alejandría el pasado Domingo de Ramos. A los canales oficiales se unen, claro está, una pléyade de no-oficiales que redistribuyen las noticias de los primeros, y que resultan, si cabe, todavía más difíciles de controlar, que son reportados por usuarios y servicios de seguridad y reaparecen con otro nombre poco tiempo después, y cuya temática, siempre relacionada con el jihadismo, abarca temas múltiples. En este sentido, podríamos diferenciar tres temáticas:

 

1.- Doctrina. Existe una pléyade de canales que acercan la doctrina específica del jihadismo –recordemos que el jihadismo es una versión pervertida y radical del Islam- a sus seguidores. Así encontraremos discursos enteros y lecciones de los principales teóricos del jihadismo contemporáneo, como Ayman al-Awlaki, que pese a morir en una taque estadounidense en Yemen en 2011 continúa siendo uno de los autores de culto, o el Sheikh Abu Muhammad al-Maqdisi, una de las principales voces del salafismo contemporáneo y que, pese a ser el ideólogo del fundador del Estado Islámico, Abu Musa al-Zarqawi, tras la muerte de este y la declaración del Califato, dio la espalda a la nueva organización, pero no al discurso salafista jihadista. Así, este tipo de canales proveen de información que debate cuestiones doctrinarias y dogmáticas, de comportamiento, jurisprudenciales –por ejemplo, acerca de cómo tratar a los infieles, impuestos, relaciones de género, etcétera, todas ellas relacionadas con la sharia o ley islámica- y por supuesto, bélicas, acerca de cómo, en qué circunstancias y por qué llevar a cabo la jihad de acuerdo con las indicaciones del Sagrado Corán.

 

2.- Noticias. Los principales canales de Telegram se centran en dos aspectos. En primer lugar, operaciones internas, aquellas llevadas a cabo por el grupo al que el canal representa; así pues, canales vinculados a Hayy’at al-Tahrir al-Sham (movimiento en el que se inserta la rama siria de al-Qaeda) distribuirá noticias sobre la guerra en Siria frente al régimen de al-Assad, mientras que canales vinculados a al-Shabab, extensión territorial de al-Qaeda en Somalia, lo hará sobre las operaciones –o atentados- en este Estado. En segundo lugar, canales –especialmente los vinculados al Estado Islámico- difunden y reclaman la autoría de las operaciones externas, es decir, los ataques terroristas que tienen lugar fuera de los territorios que controlan –como Siria e Iraq- y tienen lugar principalmente en Europa o Estados Unidos.

 

3.- Formación. Viene también presente en dos formas. La primera sería la propaganda por la acción, a través de imágenes y vídeos de operaciones militares especialmente en Siria e Iraq. Con qué armas cuentan grupos como el Estado Islámico, cómo operan y cómo se enfrentan casi de forma convencional a los ejércitos regulares que a su vez actúan en la zona. En segundo lugar, como hemos mencionado, Telegram permite compartir archivos, por lo que ha convertido en una plataforma ideal para difundir propaganda en formato vídeo –fundamentalmente con prédicas, entrenamientos militares, operaciones, e incluso las famosas decapitaciones-, documentos en pdf tales como las principales revista de al-Qaeda (Inspire e Inspire Guides), el Estado Islámico (Dabiq hasta el pasado mes de agosto, y en la actualidad Rumiyah) o publicaciones minoritarias como al-Risalah (no confundir con el órgano propagandístico del grupo palestino Hamas), así como manuales para la supervivencia del mujahid en Occidente, cómo preparar atentados, cómo entrenar con un AK-47 de forma inadvertida o cómo fabricar un artefacto explosivo improvisado en casa.

 

En este punto, debemos entroncar estos contenidos con aspectos relacionados con el proceso de radicalización. Obviamente, de no producirse éste, el consumo de contenidos jihadistas perdería su razón de ser. En primer lugar debemos entender el proceso de radicalización como un mecanismo de reconstrucción social e identitaria al margen del núcleo social común –como por ejemplo puede ser la familia, el barrio, la comunidad, etcétera- para limitarse a una nueva estructura social reducida y con un sesgo ideológico separado del común. Es un proceso de reconstrucción similar al que se produce en bandas juveniles o en sectas, pero en este caso marcado por un factor religioso. El hecho es que este proceso, que tradicionalmente se llevaba a cabo en persona u offline ha pasado a reproducirse online. Hace veinte años el reclutador te facilitaba el adoctrinamiento y la documentación para viajar a un campamento militar de al-Qaeda en Afganistán. Hoy la comunidad y la identidad reconstruidas se pueden rearticular online, incluso sin necesidad de reclutadores, sólo de difusores y gestores de contenido: el acceso a la doctrina, el acceso a la propaganda y a la motivación –las noticias- y el acceso al entrenamiento para llevar a cabo un determinado ataque con un determinado modus operandi, están al alcance de cualquier usuario de Telegram con la voluntad de acceder o buscar los grupos abiertos y de ahí acceder a los privados.

 

En conclusión, Telegram es sólo una plataforma más entre las múltiples que permiten los procesos de autoradicalización, tan próximos y tan vinculados al fenómeno de los lobos solitarios. Pero por desgracia, lo que para el resto de usuarios es una garantía para nuestra privacidad, para estos individuos es un campo de propaganda, dinamización y entrenamiento que posibilita el uso de la violencia contra Occidente.

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