• Redacción GDCS

“Entrena como trabajas, trabaja como entrenas”.


Autor: David Crevillén, CEO - Beatriz Gutiérrez, Phd/APP

Year 5 - Week 18

ISSN 2603 - 9931


Cuando hablamos de centros comerciales el imaginario colectivo reconoce espacios amplios en interconectados por escaleras mecánicas, con diversas plantas, zonas de restauración, comercios, en algunos casos incluso varias salas de cine y, especialmente, una multitud tanto de usuarios de todos estos servicios como de trabajadores deambulando por todo el espacio. Las propias actividades que se realizan en el centro condicionan que tanto las medidas de seguridad como la percepción de amenaza de los usuarios sean escasas. Esta doble característica se ajusta al concepto de “soft targets” u objetivos blandos, y representa una serie de problemas específicos de seguridad, que van de la protección de activos y bienes a la protección de activos humanos, que en este caso son tanto los propios trabajadores como los usuarios, un volumen de población variable en el tiempo, que pueden conocer o no las instalaciones, con diversas formaciones y características, y que por tanto, por su heterogeneidad, dificultan su protección, especialmente frente a la nueva casuística de incidentes armados que se ha producido en Europa en la última década en forma de ataques terroristas.


Este tipo de incidentes van a reunir, a su vez, una serie de características, que podemos resumir en dos elementos: la maximización del número de víctimas y el dinamismo de las acciones. Ello conlleva el incremento del número de bajas por unidad de tiempo y en consecuencia provoca que los tiempos de respuesta por parte de los primeros intervinientes policiales y sanitarios deban ser lo más breves posibles para poder limitar el número de muertos y heridos. Por ello, el tiempo es una de las variables más importantes en términos de respuesta, y casos –aunque no todos de naturaleza terrorista- como Columbine y sucesivos incidentes de características similares han mostrado que los mecanismos clásicos de perimetrar, establecer puestos de mando, contener la amenaza y esperar a los equipos de intervención, si bien son válidos en otro tipo de incidentes, no son adecuados por el incremento en el tiempo de respuesta que suponen. La mejor respuesta, por tanto, es aquella que proporcione un modelo preestablecido basado en la coordinación, de modo que cada actor conozca las acciones básicas a realizar en este tipo de incidentes. Siguiendo esta lógica, la celebración periódica de simulacros y ejercicios es convierte en una herramienta imprescindible en la prevención y gestión de incidentes armados en objetivos blandos y especialmente en aquellos donde, por sus especiales características, el flujo de usuarios es constante, reduciendo las posibilidades de proporcionarles formación y aumentando la necesidad de que los intervinientes encargados de la seguridad conozcan los protocolos de respuesta y los apliquen de forma no solo eficiente, sino también rápida, a través de la mejora del conocimiento entre los intervinientes y, por ello, de su coordinación inter-agencias.


Pese a que el ámbito de las simulaciones es extensísimo, metodológicamente se pueden realizar una serie de apuntes útiles para su realización. En primer lugar, se debe tener en cuenta el alcance, puesto que la logística no es la misma para un ejercicio de simulación en sala o un ejercicio table-top, que para un ejercicio multiagencia, donde se van a emplear instalaciones, vía pública y un elevado volumen de participantes que cubrirán todo el espectro de intervinientes, tanto inmediatos como policiales y sanitarios. Ello puede conllevar un control añadido de la información en un vecindario determinado para que no se produzcan sobresaltos, modificación en los horarios del centro comercial u organización donde se celebra, cortes de tráfico, etcétera, que deben ser convenientemente coordinados, en su caso, a nivel municipal.


Definido el alcance, uno de los objetivos que no se deben perder de vista es el entrenamiento de los intervinientes inmediatos -miembros de la organización, especialmente seguridad privada, pero también personal administrativo, comercial, y, de gran importancia, mantenimiento, por su especial conocimiento de las instalaciones- y de los primeros intervinientes que van a proporcionar la primera respuesta. Pese a que es fundamental también que todos ellos conozcan los protocolos de respuesta de los equipos de intervención, deben ser conscientes de que siempre existe un intervalo de repuesta que media entre el inicio del incidente -en este caso, simulado- y la llegada de los equipos de respuesta táctica, y que en un incidente activo las víctimas se van a seguir produciendo en estos momentos, por lo que las acciones llevadas a cabo en este lapso son fundamentales.


Algunos aspectos genéricos que se deben adaptar a cada caso concreto son los siguientes:

1.- Formar un equipo de diseño del simulacro. Puesto que la idea clave de la celebración de ejercicios simulados es mejorar los canales de coordinación entre los distintos intervinientes, para así mejorar los tiempos de respuesta y la eficacia de la misma, el diseño del ejercicio debe ser también conjunto entre todos los implicados en el mismo, tanto el personal de la propia organización donde se celebra, como intervinientes policiales y de emergencias, variables según las jurisdicciones. Una figura que resultará también de gran utilidad, durante el desarrollo del ejercicio, es el coordinador de role play o controladores, cuya función principal es dinamizar el desarrollo del mismo, corregir posibles disfunciones, vigilar que los escenarios discurren de forma realista, etcétera, para lo que tiene que dominar de antemano tanto instalaciones como sectores de participantes, como el propio diseño del escenario.


2.- Diseño del escenario. Para que éste sea realista, resulta de utilidad basarlo en casuística previa, sobre la experiencia de ataques realizados en objetivos similares a aquél con el que trabajamos. Ataques como el de Westgate Mall (Nairobi, Kenya, 2013), o mucho más reciente, Walmart de El Paso (Texas, 2019), pueden proveer de información y datos útiles, si bien la casuística de ataques en objetivos blandos es mucho mayor, y la cantidad de After Action Reports generados es ingente, y por tanto, disponible para su uso a la hora de elaborar un diseño adecuado. Se debe prestar especial atención al número de víctimas aproximado, patrones lesionales y distribución de víctimas, conforme a los parámetros del tipo de ataque seleccionado y de la configuración del propio escenario físico. Otro aspecto a tener en cuenta es el nivel de coordinación y entrenamiento previo entre los distintos intervinientes: si éste es bajo, el resultado del ejercicio va a arrojar bastantes fallos, lo cual, lejos de representar un problema, es una gran oportunidad para identificar fallos y poder buscar medidas correctivas. El diseño realista del escenario debe buscar precisamente eso.


3.- Aspectos relacionados con la ejecución. Dependiendo de las restricciones de escenario físico y tiempo disponible, lo deseable es realizar varios ensayos previos al simulacro. Si estamos trabajando un enfoque multi-agencia, una recomendación útil es que cada agencia practique de forma separada sus competencias, por ejemplo, seguridad privada practicará las nociones básicas TECC[1], evacuaciones y confinamientos en caso de incidente armado activo, los intervinientes policiales practicarán aspectos tales como la formación de equipos de contacto y rescate, extracciones o formación y protección de un nido de heridos (CCP), y los intervinientes sanitarios practicarán triaje, extracción del CCP a zona segura, primera asistencia para los patrones lesionales específicos seleccionados de acuerdo con el escenario, y triaje para evacuación. Posteriormente, se procederá a la celebración del simulacro multiagencia, donde en este caso, efectivamente, todo el espectro de intervinientes realizará el simulacro de forma coordinada a lo largo de toda la cadena asistencial, desde el protocolo “corre-escóndete-lucha/llama” y la asistencia inicial a víctimas, a la neutralización de la amenaza, extracción y evacuación, con los pasos asistenciales intermedios requeridos. Una práctica recomendable es combinar estos dos estadios de práctica con la realización por parte de los intervinientes participantes de cuestionarios que puedan medir el conocimiento previo, entre ejercicios y post-ejercicio multiagencia, de modo que se pueda cuantificar el progreso en la familiarización con los protocolos de respuesta.


4.- La figura del evaluador. El evaluador es una figura externa a las organizaciones participantes, cuya función principal es nutrirse de los datos que se generan durante el ejercicio, apoyado en esta tarea por los controladores del ejercicio. Para ello, el evaluador debe de conocer previamente las instalaciones, actores participantes, protocolos de actuación de cada una de las entidades y, especialmente, tiempos esperados de respuesta. Todo ello se puede complementar con los mencionados cuestionarios post-ejercicio. La recolección de todos estos datos se revertirá, convenientemente codificada y sistematizada, en el Informe Post-Ejercicio, que se elaborará como elemento final del simulacro. Aunque el número de evaluadores puede ser variable, se recomienda que se limite al mínimo necesario para que sea funcional y que se nutran de la información proporcionada por los controladores, para reducir el número de actores que no participan directamente en el desarrollo del ejercicio.


En conclusión, la realización de simulacros no se trata de “quedar bien”, sino todo lo contrario, se trata de quedar todo lo mal posible, porque esos fallos representan vulnerabilidades que, en un escenario real, no van a afectar a figurantes, sino a personas también reales, compañeros de trabajo, usuarios, clientes, proveedores, etcétera. Es un cambio de mentalidad necesario para que los ejercicios simulados sean efectivos. Por otra parte, aunque la experiencia de años realizando simulacros de autoprotección y emergencias representan un acervo de gran valor para las organizaciones, los incidentes armados activos presentan una serie de condicionantes específicos en cuanto a amenaza, gestión del escenario y patrones lesionales resultantes, que obligan a replantear el modelo de respuesta, y por tanto, el modelo de simulaciones. Varios son los Centros Comerciales que ya se han mostrado conscientes de esta necesidad, pero el camino por recorrer todavía es largo, aunque hayamos empezado a caminar.

[1] Tactical Emergecy Casualty Care Guidelines (2015), donde a nivel de intervinientes inmediatos, prima el control de hemorragias masivas exanguinantes con torniquetes y medios de fortuna, y el manejo de la vía aérea.

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